COMPORTAMIENTO DISRUPTIVO Y AGRESIVO EN PERSONAS CON TEA

COMPORTAMIENTO DISRUPTIVO Y AGRESIVO EN PERSONAS CON TEA

20,00 €

Producto Disponible - (Imp. Incluidos)


Rebeca Cabrera

  • ISBN: 978-84-949284-2-0
  • TAMAÑO 17X24 cm 198 páginas.

(En preparación. Disponible finales de Octubre)



ÍNDICE

  • Introducción ................................................................... 11
  • Primera parte: Autolesiones
  • Capítulo I: Conducta agresiva ...................................... 19
  • Capítulo II: Consideraciones previas .............................. 29
  • Capítulo III: Autolesiones ............................................. 41
  • Capítulo IV: Evaluación de las autolesiones..................... 69
  • Capítulo V: El círculo de las autolesiones....................... 91
  • Capítulo VI: Intervención diferencial en el Comportamiento
  • autolesivo ................................................. 99
  • Autolesiones. Resumen ....................................................111
  • Segunda parte: Heterolesiones
  • Capítulo VII: Heterolesiones..........................................115
  • Capítulo VIII: Causa de las heterolesiones ........................119
  • Capítulo IX: Evaluación de las heterolesiones.................133
  • Capítulo X: El círculo de las heterolesiones ...................147
  • Capítulo XI: Intervención diferencial en el Comportamiento
  • heterolesivo .............................................153
  • Heterolesiones. Resumen .................................................162
  • Tercera parte: Comportamiento disruptivo
  • Capítulo XII: Comportamiento disruptivo ........................167
  • Anexo 1: Técnicas conductuales ...............................185

Introducción

En este libro vamos a tratar un tema, que seguramente sea de los más difíciles de vivir y solucionar en el ambiente familiar. El comportamiento agresivo genera muchísimo estrés dentro de las familias, tanto, que en ocasiones, la familia se ve completamente desbordada, teniendo que llevar a sus hijos a algún centro de internamiento por la imposibilidad de intervención con sus hijos. Esto no será una decisión fácil, y les aseguro que ninguna familia la tomará, sin llevar a cabo un proceso de duda, confusión, culpa y duelo, al que nadie desearía exponerse. Una vez tomada esta decisión, no solo deberán enfrentarse al dolor que dicha separación puede ocasionar, sino que debe soportar el ser juzgadas por las decisiones tomadas. Cuando estos niños son pequeños, las familias son juzgadas si llevan a cabo cualquier acción correctiva que implique la contención física. Pueden llegar a ser considerados padres agresivos,sin amor hacia sus hijos, o incluso dar la imagen de que les importa poco lo que le pasa al niño: EL JUICIO SOCIAL COMIENZA.

Este juicio se iniciará a edades muy tempranas, y seguirá a la familia toda la vida. Cuando los niños sean algo más grandes, y ya no sean considerados por la sociedad como niños pequeñitos, las familias serán juzgadas por no haber llevado a cabo técnicas correctivas suficientemente potente, y cuando la situación se vuelva realmente difícil, cuando la integridad de la familia, y del menor se vean comprometidas, serán juzgadas por elegir un internamiento terapéutico para sus hijos. En definitiva, hagan lo que hagan, serán criticadas. Luego, debemos partir de que contamos con una doble herida en estas familias, la creada por la idea de haber fallado, o haber errado como padre (el autojuicio), y la de perder todos los apoyos sociales (el juicio social).

Solo les pido, que antes de iniciar la lectura, si son profesionales, se pongan por unos instantes en la piel de estas familias. Si eres profesional, y te adentras por primera vez en el campo de la conducta agresiva, o si estas buscando una forma de intervención diferente, has conmigo un ejercicio de visualización, intentando imaginar la situación que te narro a continuación: Llegas a casa un día cualquiera, estas disfrutando de un momento de juego con tu hijo. Te ríes, se ríe, te mira, lo miras. Se ha creado un momento maravilloso entre tú y tu pequeño. Un momento en el que disfrutas de su vida. Decides que es momento de ir a jugar al parque, de trasladar eso a un ambiente que le guste aún más. Tu hijo coge tu mano y te acompaña por la calle. Lo miras, y observas su felicidad. Te sientes pleno solo con mirarlo, es maravilloso disfrutar este momento, ¡cuán afortunado eres!. De repente, algo va mal, no sabes que ha pasado, no identificas nada, pero notas que algo no va bien. El rostro de tu pequeño comienza a cambiar. La felicidad da paso a un rostro con signos de nerviosismo, de miedo. NO sabes qué ocurre. Intentas acercarte, hablarle, calmarlo, llegar de alguna manera para interrumpir ese momento. La situación lejos de mejorar, empeora, cada vez hay más nervios. Cada vez tienes más incertidumbre, no sabes qué hacer. De repente tu pequeño grita, golpea su cabeza duramente, una vez y otra. Cada vez más fuerte, como si no sintiera dolor. Intentas abrazarlo, calmarlo, mantenerlo en tu pecho. Pero él lucha por seguir golpeándose. La gente se acerca, te miran, te preguntan qué le pasa. Un círculo de personas te rodea. No sabes qué hacer, todo el mundo te mira, miran a tu hijo de forma perpleja. Tu hijo se está dañando, y tú no sabes qué hacer, y alrededor hay un montón de gente que critica, murmura, se ríe. Cuando por fin para, tu hijo está agotado, apenas te mira, y casi no responde a tus muestras de cariño. No entiendes nada, no has podido ayudarlo.

¿Habéis conseguido visualizar la situación? ¿Habéis conseguido entrar en la piel de esta madre? ¿Habéis identificado sus sentimientos? Si lo habéis hecho correctamente, seguramente no volveréis a decirle a una madre ninguna de las siguientes pautas:

- No pasa nada porque se pellizque, los niños con autismo lo hacen frecuentemente.

- No pasa nada porque se dé un golpe, no es importante.

- Déjalo que se golpee, no hagas nada, se le irá quitando.

- Etc.

Si realmente habéis entrado en la piel de esta familia, estáis preparados para este libro. Antes de comenzar a hablarles de este duro, pero apasionante tema, me gustaría, poner en conocimiento de todas las personas que lean este libro, que cada una de las palabras que aquí se escriben, nacen de la experiencia. Del trabajo, codo a codo, con personas con TEA, que han presentado graves dificultades conductuales. Cada uno de ellos me enseñó muchísimo, y me sigue enseñando muchísimo. Entre otras cosas me enseñaron, cuantos errores había cometido hasta ese momento, cuantas teorías erróneas había aprendido, y lo más importante, que atrevidos habíamos sido al creernos con la capacidad de predecir cómo iba a ser el futuro de una persona con TEA.

Ninguna de las palabras que leerán en este libro ha sido fruto del invento, de la banalización, o de la falta de formación. Todo ha sido fruto de un duro trabajo, en el que las familias han sido mi mayor pilar de apoyo. Mis primeros acercamientos al TEA fueron a través de los menores con dificultades en el control de la agresividad. Un listado de niños que no querían ser atendidos por otros profesionales fueron los que dieron lugar al nacimiento de todo lo que aquí se relata. Como profesional era muy duro escuchar como las familias habían aceptado que los terapeutas no quisieran trabajar con sus hijos. Lo que más me impactaba era ver como estaban constantemente preocupados por si su hijo te había hecho daño. En las primeras sesiones te hacían un chequeo visual, para poder detectar si su hijo te había dañado. Así aprendí a salir de sala con los brazos cubiertos y las manos atrás, ya que, si veían cualquier pequeño rasguño, aumentaban su ansiedad y tristeza. Tenía que repetirles una y otra vez: No pasa nada, es mi trabajo, YO debo ayudarte. Esa última afirmación me perseguía día y noche. Mientras comía, mientras conducía, mientras hacía cualquier tarea: YO DEBO AYUDARTE. Pero, ¿cómo? ¿Cómo hacer que la familia pudiera disfrutar de su hijo? Era increíble, que siendo yo el profesional, que habiendo estudiado tanto, no tuviera ni idea de que decirle a esas familias. Así que tomé una decisión, abrí mi corazón y les dije: “No sé muy bien lo que ocurre, pero déjame intentarlo de otra manera. Vamos a hacerlo y vemos qué pasa. Necesitamos encontrar una solución, y para eso, necesito que me dejes probar algo distinto: OLVIDÉMONOS QUE TIENE AUTISMO”. Creo que en ese momento debería haber grabado sus caras.

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